Información adicional
| Peso | 0,300 kg |
|---|---|
| Dimensiones | 25 × 15 × 2 cm |
$ 18.000,00
Cuando comencé a leer la Biblia un poco más allá de la catequesis infantil (consciente), descubrí textos de los cuales debe hacerse difícil predicar (inconsciente). Se trata de una serie de escritos que exudan erotismo, sensualidad. También mentiras, trampas, traición. Así y todo, como si se tratara de literatura, estos textos ocultaban información. Tal vez por pudor a los detalles, o porque a la enseñanza que perseguía esa descripción era suficiente, dejaban a mi entender una sensación de incompletud.
Las protagonistas, tanto principales como secundarias, son mujeres bellas e inteligentes. A pesar de que esta combinación resulta de una tracción y atracción insuperables, me parecía que lo que ellas provocaban a su alrededor merecía una reinterpretación. Pretendí recrear estos pasajes bíblicos, imaginar los puntos que faltaban en esas tramas. También advertí un hecho, que no es menor en la historia de los que creen en Dios, y es que, a pesar o a causa de estas sombras, vino la luz.
El erotismo de los textos me llevaba a pensar en el erotismo del hombre. Los hombres que resolvían sus pasiones y pulsiones a través de la Biblia. Esto me inquietaba. Me hacía preguntas del tipo: ¿Cómo vería Dios eso? ¿Qué diría de esas historias así y ahí escritas? Estuvo un largo tiempo esa idea en mi cabeza, hasta que un día en que hablaba con alguien acerca de que esos escritos eran inspirados por Dios, se me presentó lo siguiente: si estos escritos exudan erotismo y son inspirados por Dios, estamos en presencia de un Dios erótico…
Gocémonos, Amado,
Y vámonos a ver en tu hermosura
Al monte y al collado,
Do mana el agua pura;
Entremos más adentro en la espesura.
Y luego a las subidas
Cavernas de las piedras nos iremos,
Que están bien escondidas,
Y allí nos entraremos,
Y el mosto de granadas gustaremos.
Allí me mostrarías
Aquello que mi alma pretendía,
Y luego me darías
Allí tú, vida mía,
Aquello que me diste el otro día.
El aspirar del aire,
El canto de la dulce Filomena,
El soto y su donaire,
En la noche serena
Con llama que consume y no da pena.
Cántico espiritual
San Juan de la Cruz
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